lunes 9 de noviembre de 2009

¿VALDRÁ LA PENA?

Un breve relato. Algunas reflexiones. Por favor, léanlo.

___________________________________


En ocasiones me pregunto si todo esto tiene algún propósito real; si a caso lo que decimos llega a esos oídos que buscamos. Si nuestras vidas pasan alguna vez frente a los ojos o en la mente de las personas.

Veo a millones de personas negando lo que ocurre; y no sólo me refiero a aquellos que lo hacen porque es su deber, porque cuidan su poder. Me refiero a aquellos que buscan apartarse de la realidad, ocultarse en las mentiras, engañarse a ellos mismos. Buscan vivir cómodos bajo el engaño de esa comodidad, sin cuestionar, sin imaginar; limitados y autolimitados; experimentan la microfísica del poder, explicada por Foucault, pensando que vivirán mejor enclaustrados en sus pequeños universos, asimilando patrones predeterminados, fundiéndose con los demás, y añorando todo lo que jamás lograrán.

Y me pregunto si es por ellos que actuamos día con día, si es por ellos por quienes sacrificamos cosas…y si es por ellos, ¿valdrá la pena?

No lo sé con certeza, pero entiendo que eso ha sido importante para millones de personas, para esas personas que no vivieron las mentiras, que no tuvieron miedo de enfrentar la realidad, dejar las “comodidades” de la normalidad, arriesgarse. Racionalizar el sufrimiento, no negarlo; experimentar al otro como un igual, como un ser humano; levantar el puño en contra de aquellos que nos oprimen.

El mundo camina y piensa que las utopías no existen más. Qué importa. A quién le interesa la vida de las y los obreros hacinados en las fábricas de distintas partes del mundo, con salarios de miseria, con condiciones de vida y trabajo deplorables, virtualmente esclavizados. A quién le importa la cantidad de muertes que deben existir para tener en sus manos el mejor vestido, el mejor celular, el mejor videojuego, todo aquello que consumimos sin cuestionarnos.

A quién si quiera le interesa su propia vida, con bajos sueldos, deficientes o nulos seguros médicos, laborales, calidad de prestaciones, vacaciones; ni siquiera les importa qué pueden comprar con esos sueldos, si pueden proteger a sus familias, si pueden aspirar a una vida digna e, incluso, si podrán vivir en esa mentira por mucho tiempo.

Pero también existen aquellas personas que se interesan por los otros y por ellos mismos, y lo arriesgan todo, y lo ofrecen todo, porque les importa la vida. Y mientras otros viven en negación y refugian su miedo detrás del control remoto, esas personas conviven, trabajan, comparten, hacen suyo el dolor, la miseria, la frustración, el enojo…todo lo que aquellos, nuestros iguales, viven día a día. Y no les importa la distancia, no les importa la “seguridad” [ja] laboral, no les importan las banalidades de la vida. Ellos han elegido, y eligieron enfrentar la realidad.

Hoy veía Ocupation 101, un documental que habla sobre el fascistoide e inhumano régimen sionista-judío-israelí. Y no me asusta ni me incomoda declarar el odio que tengo a esa aberrante creación del poder, justificada en otra aberración como lo fue el holocausto. Y vaya que aprendieron bien en los campos de concentración; para muestra, basta mencionar Gaza. [Documental completo acá]






Ese genocidio prolongado ha sido uno de los temas que me llevó al activismo político; pero ese tema me remite a la “muerte” de un amigo: Tristan Andersen. A él lo conocí en 2006, en Oaxaca; extrañamente, llegó al país debido a la muerte de otro amigo en común: Brad Will.

Tristan había estado en distintas partes del mundo, tanto como activista y como parte del Movimiento Internacional de Solidaridad con Palestina e Indymedia. Sus amigos decían que él siempre presumía haber peleado con la policía de todo el mundo. Hiperactivo, con un acento clásico de americano al hablar el español, nos contaba sus experiencias a lo largo de su vida. Cuando supo que yo y un amigo éramos estudiantes de la UNAM, nos contó haber estado en México algunos meses durante la huelga de 1999-2000, y se había sorprendido con aquélla marcha de antorchas de CU a Tlatelolco.

Nunca supimos cuándo se marchó de la ciudad. La represión del 25 de noviembre nos llevó a sitios distintos. Meses más tarde, un amigo en común llamado Erik, también estadounidense y miembro de Indymedia , nos informó que él ya estaba en casa, trabajando en ese taller de bicicletas.

Nos escribimos poco después de eso. Tristan salía constantemente de su ciudad, usaba distintos mails; yo estaba en diversas actividades, y no podía estar en la red tanto como ahora. Fue hasta marzo de este año, mientras estábamos en el curso que damos a los niños de secundaria para que enfrenten esa ridícula prueba de CENEVAL, cuando un amigo se acercó a comentarme que habían herido a un sujeto en Ni’lin, Palestina, y que parecía se llamaba Tristan. Llegué a casa, busqué en la red, y era él.

Mientras se encontraba en una protesta en contra del inhumano muro que aísla a los palestinos en Cisjordania, el ejército israelí probó una de sus nuevas armas disparando en contra de Tristan. Su cerebro quedó expuesto, y se empeoró cuando en el puesto de control el mismo ejército israelí retrasó el traslado de Tristan a un hospital israelí.

Él pensó que valía la pena, y dejó la vida en ello.



Otro amigo que pensaba igual era Brad. La noche que lo conocí íbamos con un conjunto de extranjeros hacia Radio La Ley de los Pueblos de Oaxaca (estación privada tomada por la APPO). Él decía saber llegar a la radio, y le dio instrucciones al taxista. Nos desvió, mientras el segundo grupo ya estaba en la radio. Al llegar, Juliana, Mira, y dos amigos entraron a la radio; Brad comenzó a hacer entrevistas a quienes resguardaban la estación y las barricadas. Más tarde, Juliana, Mira y Brad se fueron hacia el centro; Brad se trasladaría posteriormente hacia otras barricadas, solo.

Diversas charlas, encuentros con Brad. Alguna vez me pidió que le ayudara a traducir para uno de sus entrevistados; nos hacía bromas, reía y cantaba. Siempre estaba en el lugar indicado con su cámara, filmándolo todo. Por aquel entonces yo no contaba con alguna herramienta para documentar. Cuando por fin me llegó, sucedió lo peor.

Ese 27 de octubre, todos despertamos listos para la serie de actividades programadas por la APPO. Brad llegó a nuestro campamento, y me preguntó por el programa de acción; después, hablamos un poco sobre nuestro análisis de la situación. El llamado a un bloqueo nos puso en el mismo autobús; después, yo regresé al zócalo de la ciudad porque quería cubrir la toma de radios programada (que nunca ocurrió). Brad se quedó para, después, trasladarse a otras partes de la ciudad. Debido a los cierres, le resultaba difícil trasladarse. Junto con Richie, un español de León, rentaron una moto y se dirigieron a la barricada de Calicanto.

Debido a retrasos de nuestro amigo Gregori, de Indymedia Francia, nosotros no pudimos acudir. Horas más tarde, Umma, reportera alemana, llegaría casi llorando a informarnos de lo ocurrido. No sabía con certeza que era Brad, hasta que un conocido en Calicanto nos informara que si era él. La viuda de otra víctima más de la injusticia nos consiguió una camioneta; recorrimos 5 lugares distintos, moviendo piedras y barricadas, antes de que nos informaran que Brad estaba en el anfiteatro de la Cruz Roja.

Gente de derechos humanos nos pidió entrar a un fotógrafo alemán y a mí, antes que los demás reporteros. Al abrirse la puerta allí estaba él, desnudo, en una imagen surreal, rodeado por cuerpos putrefactos, mirándome a los ojos. Pude contener toda emoción, pude encender la videocámara y filmarlo (video que me sería robado antes de poder entregarlo a las organizaciones de derechos humanos). Al salir, estaban todos ahí. Todos sus amigos, incluyendo a Emilyn quien estaba llorando sin consuelo.

A Brad le importaba, y también dejó la vida en ello.

Brad, mais uma noite nas barricadas (PT-SP) from ugo.sou on Vimeo.



Hoy me sigo preguntando. Amigos que perdieron la vida; amig@s que fueron arrestados, torturados; amigos que siguen presos; grandes compañeros y personas que purgan condenas de más de 110 años, sólo por resistir con dignidad.

Y esa es mi breve historia. Y es una historia que cuenta el sufrimiento de otros, que también hago mío. Es la historia que habla sobre personas que sabían que era necesario, que valía la pena, y les costó la vida, o parte de ella.

Me siento culpable por seguir cuestionándome si valdrá la pena. Creo que lo vale.

¿Ustedes qué piensan?

5 comentarios:

DCody región4 dijo...

es muy bueno que tengas una gran capacidad de compasión y de hacer tuyo el dolor de los demás, pero creo que debes preocuparte también por ti y por llenas los vacíos que tengas. Es demasiado desgaste emocional para una persona tan joven. Dedica más tiempo a tu fotografía, tienes muchísimo talento, por favor compártelo con nosotros.
Un abrazo!!

Yo NO SOY Cindy Crawford!! dijo...

Qué fuerte esto, Omar...

La verdad no sabría decirte si vale la vida de esas personas, pero a ellos les importó poco arriesgarla.

Lamento mucho lo que pasó.
Tu pregunta es muy dificil y ni el tiempo que es tan sabio puede llegar a traer semejante respuesta.

Un abrazo enorme.
Gracias por compartir esto con nosotros.

nostalgiademi dijo...

LO VALE.

Pomme de terre dijo...

Claro que lo vale

Pomme de terre dijo...
El autor ha eliminado esta entrada.