Siempre he creído que todos tenemos alguna incapacidad, visible o no. La mía es interna, vivo con ella, vive en mí. Es la incapacidad de sentir como se debe, como es lo normal; ser cauteloso, reservado. Querer menos, pues.
Confiar, creer, tener fe. Esos son mis mayores defectos, y también han sido los culpables de una serie de conflictos y complicaciones. Pero hay una incapacidad que, aunada a ésta, ha perturbado mi vida al menos en los últimos 10 años: la incapacidad de recibir cariño, de ser querido (saben a qué me refiero). Supongo que soy yo el problema.
No obstante, también me ha intrigado lo fácil que le resulta a las personas entrar y salir de la vida de alguien más, con base en sus indecisiones y miedos, sin preocuparse siquiera por los efectos que eso tendrá. Salir diciendo “me detengo, antes de causar algún daño” cuando éste ya ha sido infringido. Y de igual forma me intrigan los factores psico-emocionales que nos llevan a permitirlo.
Es un círculo vicioso, repleto de clichés y falsedades, del cual he formado parte sin quererlo y darme cuenta. Y tan formo parte de él, que he aprendido a subsistir en ese entorno.
Vivir en la negación es una forma de vivir; bastante enferma, sí, pero no lo hacemos conscientemente. Y cuando nos damos cuenta de ello, una sensación de repugnancia te inunda por dentro.
¿A caso no sería mejor aceptar los hechos? Sí, aceptar a vivir conmigo, en mi, alejado de los estúpidos clichés de las emociones y el “compromiso” basado en la inseguridad y el miedo; alejarme del morbo de las personas, materializado en la dinámica de las relaciones humanas.
Voltear a ver mi vida en retrospectiva, valorar a quienes han estado ahí, honesta y sinceramente, porque sólo ell@s importan. Y aceptar que, pese a todo, he caminado solo, lento, con miedo, pero solo. Y solo he llegado, para bien o para mal, al puno en el que me encuentro. Y eso no cambiará, porque no pienso permitir que alguien más contamine mi vida.
No tenías por qué decir lo que dijiste al final. El daño estaba hecho. Si querías una absolución, descansar sin culpa alguna, sólo hubiésemos guardado silencio. Y sé honesta: jamás permitiste que sucediera. Debo verte de nuevo, pero será la última vez que me involucro en uno de tus juegos emocionales, incluyendo la falacia que llamas "amistad". No necesito esas migajas de tu vida y de tu tiempo.




























